miércoles, 1 de enero de 2014

CARAMEL ( 2007)


  Caramel es un dulce manjar, un cine fresco y sencillo, sin pretensiones. Sin ser un habitual del cine no occidental, en ocasiones ciertas películas en ocasiones muy premiadas en festivales de todo tipo y condición incitan a asomarse a ese otro cine, el que se hace en Asia, sudamérica  o, como en este caso, en Oriente Medio. Y nos encontramos con toda una bocanada de aire limpio y puro. Algo difícil de encontrar por estos pagos. La historia se desarrolla en Beirut, Líbano, en un salón de belleza ubicado en un pequeño barrio cristiano y que es un verdadero refugio de la feminidad, donde nos encontramos como en una pecera en la que el tiempo está detenido y no solo dentro de la peluquería. Todo parece viejo, antiguo, como de los 70's. La acción principal se situa en un salón de belleza en donde hacen caramelo con azúcar en una sartén para que sirva de cera, para arrancar entrecejos y  depilar lo que se tercie.

  Cada una de las chicas del salón tiene una vida y unos problemas que arrastran consigo: Layale (Nadine Labaki) ha cometido el error de enamorarse de un hombre casado. Nisrine ( Jasmine Al Massri) está prometida y con fecha de boda pero no es virgen, lo cual siendo musulmana es un gran problemón. Jamel (Gisele Aouad) es la típica cuarentona tirando a cincuentona que se resiste a envejecer y hace mil y una perrerías para aparentar lo que no es, se presenta a cástings para actriz pero nunca la cogen, se le nota el papel celofan estirando sus sienes entre el pelo. Rima (Joana Moukarzel) también tiene un serio problema: es lesbiana, en un mundo homófobo.  Finalmente Rose ( Siham Haddad) es una mujer mayor que se dedica a arreglar trajes y a cuidar de una hermana demente que se escapa ocasionalmente de la casa y que le hace la vida imposible. Cuando encuentra al amor, un anciano que le va como anillo al dedo, Rose deberá elegir entre este y la sempiterna hermana, otro dilema que pone en peligro el delicado equilibrio de un alma delicada. 

    Sus problemas se van poniendo sobre el tapete, como en una partida de naipes que se entremezclan en esa mesa de juego que es la peluquería. La película se mueve en el ámbito privado de la feminidad, es una película de mujeres en un país en donde la mezcla de religiones y tradiciones lastran mucho las posibilidades de arreglo de todos esos pequeños dramas personales. Lo cierto es que vemos muy bien cómo es la sociedad libanesa, como una puerta entre la modernidad y lo retrógrado y se muestra como un magnífico documento.  En realidad todos estos personajes sufren pero también experimentan momentos de alegría y gozo. 

  El trabajo de la directora Nadine Labaki es muy meritorio, firmando un estupendo producto de autor, arriesgado y valiente. Además de firmar el guión, interpreta uno de los papeles más destacados de la cinta. Utiliza muchos primeros planos que acentúan las facciones y los sentimientos de los protagonistas. Estos se ven entremezclados con largos silencios, como espacios temporales de reflexión, de intento de arreglo, de solución al bloqueo en el que se encuentran estas mujeres tan diferentes entre sí, pero amigas al fin y al cabo. Las imágenes del interior crean un mundo muy particular y, por encima de todo, está el salón de Caramel, que se empapa de un cierto espíritu de melancolía acentuado por la luz que tamizada por las cortinas de colores y por la música nos envuelve en ese lugar a la vez real y surreal, vivaz y mortecino, alegre y lleno de desesperanzas.

  Todas estas mujeres que deambulan por este peculiar fresco libanés rayan a una gran altura interpretativa. También los hombres, en especial ese policía enamoradizo. Lo que vemos es, en fin, una película social con matices de comedia aunque con muchos momentos  agridulces ya que Labaki apuesta por el realismo y las contradicciones de un país reflejadas en un pequeño barrio cristiano de Beirut. Y es que el caramelo que tan dulce puede llegar a ser puede dejar también un poso de amargura, de historias mal cicatrizadas que acaban por enquistarse si no se logra romper la barrera que impone una sociedad todavía eminentemente retrógrada.
 
  


-FICHA TÉCNICA.

No hay comentarios:

Publicar un comentario