
El drama ya está dibujado. Sorprenden las magníficas interpretaciones del duo protagonista ya que no lo esperamos por ser quien son: el duo de la telecomedia exitosa tantas veces repetida por televisión. Están soberbios, a cual mejor, en unos papeles dramáticos que bordan como anillo al dedo. Álex ( Fernando Tejero) y Virginia ( Malena Alterio) adquieren un piso sobre plano en el extrarradio de una ciudad cualquiera, en este caso se supone que en la costa ( está rodada en parte en Ciudad de la Luz, en Alicante) pero podría ser cualquier ciudad española en la última década. Van a lo barato, como la mayoría, huyendo de los prohibitivos precios del centro. Como todos, desembolsan sus escasos ahorros en la entrada del piso, como todos, aceptan esa losa que nos convierte en esclavos del capital llamada hipoteca a 40 años.
Ya falta poco para su boda, para unirse en matrimonio y entonces, llega el mazazo: el edificio a medio terminar es precintado y las obras se paran. El promotor no aparece. Todo su esfuerzo ha sido en balde: años y años de trabajo de hormigas y de privación saltan por los aires, el dinero no está. Comenzará así un duro peregrinar en el que surgiran inevitables roces, peleas, discusiones y rupturas sentimentales. A pesar de que se unen en plataforma para protestar pos sus violados derechos y escogen la dura y sufrida vía judicial poco consiguen. Esto llevará con el paso de los meses a la más absoluta desesperación y a la búsqueda de soluciones tajantes por parte de Álex.
La peli es una denuncia contra la corrupción urbanística en España, más en concreto en la costa mediterránea. Guarda relación con la serie "Crematorio" que ya comentamos tiempo atrás. La escena inicial donde un constructor y un político se ponen de acuerdo para edificar en terrenos protegidos, saltándose las normativas del medio ambiente nos remite al cine de crítica social, un cine de denuncia siempre necesario aunque poco habitual por estos pagos. Utiliza el esquema de thriller para despertar mayor atención y a fe que lo consigue. El guión es meritorio y el ritmo de las secuencias y muchas composiciones de planos están muy logrados. Así se logra crear un malestar, una tensión en el ritmo narrativo y en el propio espectador que observa impotente una situación que bien le podría ( nos podría) haber pasado.
Alex se va convirtiendo en una olla a presión pero a fuego lento, no de sopetón, esa tensión acumulada va cociéndose a pequeños pasos, y se va quedando sin salidas, nadie le ofrece una solución razonable: el sistema se vuelve su peor enemigo. Así llegará al punto de ebullición poniendo en riesgo su propia integridad y jugándose el tipo por conseguir, a la desesperada, arreglar por las bravas el asunto. ¿está justificada la violencia contra un sistema y unas personas que engrasan la máquina terrorífica en la que vivimos cuando desprecian y humillan al común del ciudadano, dejándolo sin salidas?. Es una buena pregunta a la que el guión no da una respuesta bastante clara.
